Visitar la Laguna Quilotoa, Ecuador, es más que un recorrido turístico: es una experiencia transformadora. La caminata por su borde ofrece miradores impresionantes y vistas que cambian con cada paso. Si decides bajar hasta la orilla, sentirás la inmensidad de este paisaje volcánico.
Muchos viajeros aprovechan para hacer kayak o simplemente sentarse a escuchar el sonido del viento. La combinación de altura, silencio y belleza natural convierte a este destino en un lugar ideal para reflexionar, reconectar contigo mismo y valorar la magia de viajar en pareja, enfrentando desafíos y celebrando cada logro juntos.
Cuando decidimos casarnos, pensamos que esa sería la decisión más grande de nuestra vida. Después de habernos casado, pensamos que sería ir a vivir juntos, bajo el mismo techo… después, pensamos que serían los hijos…
Pero este viaje nos ha enseñado que hay decisiones que transforman más allá de lo que podemos imaginar: emprender esta ruta juntos.
En la altura y neblina de Quilotoa, tuvimos la oportunidad de sentarnos y conversar con honestidad y sin tapujos lo que muchas veces evitamos decirnos cara a cara:
Viajar en pareja no es fácil.
Vivir 24/7 juntos en un espacio reducido (como es nuestra combi), cambiando de ciudad, pueblo o país constantemente y tomando nuevas decisiones cada día, saca lo mejor y lo más frágil de cada uno.
No hay filtros, no hay privacidad, no hay escapes, no hay pausas… Estás ahí, tal cual eres, con todas tus virtudes y también, con todos tus defectos.
Su profundo amor por el fútbol, los autos antiguos (aunque siempre se echen a perder), la música, tocar batería, hacer asados con buen vino… y su capacidad de hacerme reír cuando más lo necesito.
Colecciono hobbies, me pierdo en la naturaleza, bailo hasta el final donde sea y mis manos jamás están de vacaciones, siempre están haciendo algo; bordando, tejiendo, haciendo artesanías, arreglando algo…
Aunque parezcamos y seamos muy distintos, lo más importante es que siempre apuntamos al mismo lugar.
Cuando cruzamos la famosa línea del Ecuador nos dimos cuenta de que, en nuestra relación, cada uno representa a una mitad, y este viaje nos ha enseñado a encontrar el equilibrio y la paz que necesitábamos… Para poder ser uno; una pareja.
Este lugar, que forma parte de rutas culturales reconocidas por la UNESCO nos mostró que, incluso cuando la neblina cubre todo y no ves el paisaje como querías o te lo imaginabas, basta con detenerse un tiempo, respirar y confiar: puede que no sea el destino que te imaginabas, pero sí el que necesitas.
El agua de la Laguna Quilotoa pasa del turquesa al verde esmeralda o negro profundo según el sol y la neblina en sólo un par de segundos. Es realmente una experiencia visual única y mágica.
Caminar por el borde del cráter ofrece panorámicas que te dejan sin palabras, y también sin respiración. Esta caminata es ideal para sacar fotos, conectarse con la naturaleza y con el silencio interior.
Descender caminando hasta el borde de la Laguna Quilotoa es todo un reto. Pero te podemos asegurar que cada paso y cada latido agitado del corazón valen 100% la pena. Y si a las vistas le sumas que puedes tocar el agua volcánica y ver la laguna desde otra perspectiva, mucho mejor.
En la Laguna Quilotoa, la oferta turística va desde paseos en kayak hasta cabalgatas en mulas para regresar del cráter (una excelente opción si no quieres caminar de regreso luego del trekking de descenso). Realmente visitar Quilotoa no es solo mirar: es vivir.
Por su energía, aislamiento y profundo silencio, Quilotoa es un sitio perfecto para reconectar contigo, con tu pareja y con esas cosas que sueñas y que generalmente, tienes poco tiempo para pensarlas.
Viajar en pareja ha sido un desafío; una mezcla poderosa de cambios y revelaciones. Es compartir rutas, paseos, alegrías, logros, momentos y silencios, pero también enojos, cansancios, malos humores y frustraciones.
Estar realmente 24/7 juntos en movimiento nos ha obligado a conocernos de una manera que pocas experiencias permiten y pocas personas han conseguido.
Cada ciudad nos trae nuevos desafíos y cada kilómetro, nuevas conversaciones y reflexiones.
En esta experiencia tan extrema, aprendes a ceder, a negociar, a callar y a reírte en medio de los problemas y dificultades… a mirar siempre el vaso lleno.
Descubres que la verdadera aventura no es solo el destino, sino la manera en que los dos enfrentamos lo inesperado.
¿Has viajado tan intensamente con alguien que terminaste conociéndote más a ti mismo que al lugar que visitaste?
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